El jugador hardcore consolero empieza a pedir a gritos el cambio. Se le quedan pequeñas las físicas, texturas y número de partículas simultáneas de la actual generación. Se les puede sorprender mirando de reojo y envidia contenida los juegos que corren en pc a resolución absurda y niveles locos de antialias.

Son muchos años desde la primera 360 recalentada y aquella PS3 de aspecto monolítico. Están en su recta final y ya comienzan los rumores y fechas para sus sustitutas. Para mi, sin embargo, es el mejor momento de todos, cuando las compañías dominan, exprimen el viejo hardware como nunca y anuncian auténticos mazazos que sentencien la generación.

Uno de ellos, The Last of Us, deslumbra con cada golpe de nuevo video. Simples montajes visuales que suponen un puñetazo en la mesa cada vez que surcan la red. En el fondo, declaraciones de intención que demuestran el buen hacer de Naughty Dog y la confirman como una compañía capaz de mirar por encima del hombro al resto, siempre intentando llevar un poco más allá de cualquier género y medio su nuevo juego.

Aún faltan por llegar Metal Gear Rising y GTA V. Con su permiso, espero ansioso lo que puede ser el último gran juego de la generación, donde una suerte de Nathan Drake, trasladado a los peores momentos de La Carretera, parece no encontrar ánimos para acabar su última misión con un mal chiste.

 

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