Todos tenemos nuestra propia kriptonita. La ciencia-ficción, y en particular, los viajes en el tiempo, siempre han sido mi debilidad. Intentaré recomendar periódicamente una película, un cómic y/o un libro. Sin rodeos. Saltamos.

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Primer (2004).
Guionizada y dirigida por Shane Carruth, Primer es ciencia ficción para veteranos. Compleja, directa y sin adornos, me hipnotiza por lo creíble de la propuesta y su cuidado formalismo tecnológico. Con un solo visionado es imposible reconstruir el rompecabezas que intencionadamente y de forma tramposa se rompe y desmonta según avanza la película. Ingenieros que en su tiempo libre descubren accidentalmente el mecanismo del viaje en el tiempo. Déjala para otra ocasión si no te apetece pensar ese día, esa noche y hasta que la vuelvas a ver.

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Cronopolis (1983), Las perturbadoras digestiones del Doctor Dibworthy (1982).
Las dos historietas que dibuja Dave Gibbons y guioniza Alan Moore aparecen en varios recopilatorios (Future Shocks) de la revista 2000AD. La barba del escritor británico empezaba a ser conocida, crecía al mismo ritmo que su talento y habilidad de relojero para encajar engranajes, cruzar personajes y sincronizar historias. Divertidas y brillantes, por partes iguales, revelan a un joven Moore de mente científica, obsesionado por el detalle y fagocitador de ciencia ficción, siempre presente en toda su obra.

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El fin de la Eternidad (1955).
Un libro y un autor, clásicos absolutos del género, y una historia que ha marcado y abierto caminos. La sociedad de los Eternos, se desplaza a través del tiempo alterando estratégicamente acontecimientos de la historia. Con esta premisa, Isaac Asimov aborda e incluso soluciona las clásicas paradojas temporales, pincela sus temas recurrentes como la psicohistoria y la libertad de elección y cimienta y justifica las bases de lo que será La Fundación y sus secuelas.

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