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a veces me pixelo

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Tecnología

El viento en la cara

Escalar sólo para observar desde la cima… observar nada concreto y todo en particular. Sentir el viento en la cara, jugar por el placer de jugar… más de un año después, es lo que sigue transmitiendo Breath of the Wild. De fondo, el trío obligatorio de siempre, la única concesión a la saga. Un tal Ganon que quiere resucitar, un héroe con amnesia y una princesa con problemas menos mágicos y más personales. Que más da. Algo de eso ocurre en el Hyrule más grande, vivo y orgánico que nunca, auténtico protagonista del Zelda mejor equipado para hacer frente a ese Dios mitológico llamado Ocarina of Time.

Encuentras una aldea. Alguien te recuerda la misión a completar pero giras la cabeza hacia esa montaña que susurra tu nombre. El sol se esconde y maldices porque, aunque amenaza tormenta, sabes que tienes que subir a ver esos últimos rayos de luz. Sentir el viento en la cara. El resto puede esperar. Un momento, ¿qué es eso que brilla a lo lejos? Vamos a ver… Mierda, las dos de la mañana otra vez…

 

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Buffering_03: Silencio en la biblioteca 

New World Order

Dice Snowden, con razón, que los Gobiernos están creando un mundo donde compañías privadas como Apple protegen nuestros derechos, cuando debería ser al contrario.

Campaña de marketing o no, da mucho que pensar. 

Una imagen…

Departamento de gadgets perdidos

 
El otro día perdí un pendrive. Sin datos importantes, era uno de esos regalos por asistir a aburridas presentaciones por aburridos presentadores. No fue una pérdida grave aunque una extraña sensación me persiguió toda la semana. Desde muy pequeño, abandonar o extraviar un juguete, cualquier pertenencia por pequeña que sea, siempre me ha entristecido. Hace vagar por mi cabeza un absurdo pensamiento Toy Storiano difícil de apartar. ¿Estará bien? ¿Lo habrá encontrado una persona responsable que sepa cuidarlo? ¿O ha caído en manos del enemigo?

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Enciclopedia Galáctica 3: la especie inteligente.

  

Enciclopedia galáctica 2: Juntos haremos un universo mejor.

  

Enciclopedia galáctica 1: Cuñadismo estelar

  

  

  

Seguimos sin saber

sin saber

Vuelvo a encontrarme cada cierto tiempo con el dilema de las generaciones tecnológicas. Es algo que me orbita alrededor, uno de tantos satélites que suelen eclipsarme cíclicamente. El detonante ha sido en esta ocasión el uso que un espécimen de 18 años hacía de su móvil. Agobiado por la situación, incapaz de afrontar un exceso de información, anota un dato en su móvil mediante Whatsapp. Ni en una aplicación de notas, ni mucho menos en un pedacito de papel. Su smartphone es Whatsapp e Instagram, la cámara es sólo para subir selfies. No existen más aplicaciones. Creo que tiene más funciones aparte de reproducir videos pero no sé para que sirven.

Tiendo a ser pesimista en este tipo de situaciones, quizás demasiado, pero me preocupa la falta de interés por dominar y explotar las herramientas a nuestro alcance. Son ciertos casos, no todos y estoy seguro de que siempre ha sido un defecto humano, el conformismo, la ley del mínimo esfuerzo o qué se yo, pero la velocidad a la que aparecen y mejoran los últimos avances tecnológicos no hace más que agravar la situación. Es comprensible que tu madre sólo quiera saber la combinación de botones necesaria para recibir y visualizar las fotos de su nieto. Tu hijo, en cambio, debería saber cómo gestionar contraseñas seguras, denegar según qué permisos o hacer una copia de seguridad de sus datos más importantes. La cadena se ha roto y es muy difícil reparar el eslabón dañado.

En un ejercicio fútil de malabarismo mental y predicción límite puedo imaginar un futuro donde la tecnología consiga traspasar la barrera de la invisibilidad y sea tan habitual y ciego su uso como lo es ahora la electricidad que alimenta los electrodomésticos o el agua que llega a nuestros hogares. Magia incuestionable para un niño de 3 años. Ciencia y física puede que no entendida pero asumida y adoptada por los adultos. En ese futuro, las siguientes generaciones convivirán con asistentes e inteligencias artificiales capaces de actuar por sí mismas y adelantarse a nuestras ordenes y necesidades. No será necesario entender ni preocuparse por el “cómo” pero seguirá siendo necesario entender el “qué” y “para qué”. Como siempre, pasado el periodo orbital, todo se repite, incluidas mis frases gratuitas e improductivas: La tecnología por sí sola no sirve de mucho. Es el uso que le damos lo que le da valor.

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